VIVE. AMA. DÉJATE LLEVAR


Solo podemos aprender a querer queriendo

martes, 5 de febrero de 2013

Wake up

Era de noche, había sido un día duro, la falta de edad y madurez a su alrededor contribuían a una mala racha, una racha de sentirse sola, de no tener a nadie en quien confiar, no tener algo tan importante como una verdadera amiga, no podía desahogarse. 
Dicen que es muy malo guardarse los problemas para una misma, que hay que compartirlos y exteriorizarlos para quitarles importancia, ella no podía.
 Nadie la entendía, no entendían que de quien estaba enamorada era también un inmaduro, ella lo sabía, no la merecía pero aun así lo amaba, con toda su alma, a pesar del infinito daño que le estaba causando, de noches en vela, de sentirle muy cerca y a la vez en otro hemisferio. 
En su casa las cosas no iban mejor, empeoraban conforme pasaban las horas, vivía con la constante ansiedad de que su padre entrara por la puerta, temía ese momento más que teme un niño a los monstruos, pero llegaba con olor a cerveza y casi nunca le sorprendía, se estaba convirtiendo en su rutina cerrar la puerta de su cuarto, meterse en la cama con los cascos puestos y la música al máximo volumen para evadirse de la realidad, esa en la que a unos metros estaban sus padres regañando a su hermano, esa realidad en la que al instante siguiente se escuchaban voces enfadadas y portazos que hacían que retumbara su cama y que finalmente se escuchaba un golpe,
 un golpe seco cuyo destinatario era su hermano: una persona desordenada, mucho más que ella, un poco imaduro para su edad en algunas cosas, pero tambien era una persona con un corazón tan grande que no le cabía en el pecho, era protector y ella sentía la necesidad de protegerle en esos momentos, sentía que la necesitaba; 
se levantó de su cama corriendo, abrió la puerta y se encontró la escena, una escena triste de unos padres pegándole a su hijo, tenían una mirada demente, como poseídos por la ira, no eran sus padres sino dos desconocidos a quienes tenía que separar de su hermano. 
Su corazón latía a mil por hora, estaba en medio de un ataque de ansiedad, gritaba pero nadie la escuchaba, empujaba pero nadie la sentía, nadie, ni siquiera ella sabe de dónde sacaba esa fuerza casi sobrehumana pero siempre conseguía apartarles de el, conseguía que se fuesen de aquella habitación, llegó a romper dos y tres camisas y polos a su padre, lo que más admiraba de su hermano, ese chico perdido pero dulce era que nunca dejó de querer a sus padres, jamás les guardó rencor por ese año desastroso; pero ella sí, nunca se le olvidaría.
 Se le quedó marcado como un logro en realidad, como algo que fue capaz de superar, supo levantarse tras haber caído porque cuando tocas fondo ya no puedes caer más, solo te queda levantarte y empezar a subir; marcado en la piel, "Wake up" ponía. 

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